Antes de que una persona lea tu currículum, lo lee un software. Abre el archivo, extrae el texto que puede y trata de averiguar dónde empieza y termina tu último puesto. Si tu diseño tiene dos columnas, el extractor suele leer de lado a lado, así que un cargo acaba pegado a una habilidad de la barra lateral. Si tus datos de contacto están en el encabezado de la página, varios analizadores los descartan por completo. Si tus iconos vienen de una fuente de símbolos, llegan como caracteres ilegibles en mitad de tu teléfono.
Nada de eso se ve, porque en tu pantalla el archivo aparece tal como lo diseñaste. Esta herramienta te enseña la otra versión: el texto plano extraído de tu propio archivo, en el orden en que está guardado.
Después reconstruye el mismo contenido en una sola columna, con texto real y títulos estándar, y puedes corregir lo que haya salido mal antes de exportarlo. Tu archivo se lee en el navegador y nunca llega a un servidor.