Busca una plantilla de plan de negocio y obtienes un documento en blanco. Eso servía cuando lo difícil era escribir el texto. Ya no lo es.
Lo difícil son las cifras. Un banco va primero a la proyección, y lo que comprueba lleva dos minutos: ¿gana dinero cada venta?, ¿cuántas ventas al mes cubren los costes fijos?, ¿cuál es el punto más bajo de la caja? y ¿la cantidad que se pide cubre ese agujero? Un plan que falla esas cuatro preguntas no se lee más allá de ellas.
Aquí la proyección es aritmética sobre tus propias cifras, actualizada mientras escribes, y a las secciones redactadas se les entregan esas cifras como datos que deben usar y no pueden inventar.